Piénsalo. Determina si es la mejor opción.
No estás segura, yo tampoco.
Tu mano tiembla, y la mía, te acaricia suavemente el pelo, inclinando tu cabeza para poder besarte.
No sé que es, no sé que fue, pero de un segundo a otro me dí cuenta de todo lo que hay en ti.
Lo que encontré en ti y nadie más.
Lloras. Yo también. No sé que decir; con cada palabra que pudiese salir de mi boca, estaría corriendo el riesgo de que tu llanto fuera más que sólo lágrimas y sollozos.
Si alguien nos viera. Podría decirme qué hacer, acaso? Podría tomar una decisión mejor que la mía?.
Parece que sí.
He decidido tomar su decisión, así es más fácil para mí, que entre tanto sentimiento y tanto odio he olvidado cómo pensar.
Pero pensar no sirve de nada, la gracia de la vida está en improvisar, y hasta el momento, he improvisado bien.
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