Ella no quería olvidar. No estaba lista. Nadie lo está.
Era fácil ver como cada palabra que salía de su boca y cada letra que dibujaban sus manos, cambiaba totalmente el ánimo de quién las observaba.
Creyó que había olvidado. Pero lo recordó y todo se fue a la mierda.
Cada movimiento era previamente pensado y repasado para que todo saliera perfecto. Abres tu boca y cambias todo el plan. Resulta que ahora soy yo quien está dentro de su propia narración. Ya me delaté.
Olvidé. Mas, bastó el más mínimo movimiento y volví a sentir.
Sentir sin recordar. ¿Era eso acaso? Eso no existía. Invocaba todos los aromas conocidos para volver a dibujarte. Dibujar tu cuerpo, tus risas, tu mano de mi mano. Pero no tu rostro.
Ahora.
Un vaivén de emociones se abre ante mi y no sé si es el camino que quiero tomar.
Pero ya lo tomé, y aquí estaremos otra vez.
leadmetothepast
domingo, julio 22
sábado, junio 2
fe
Procuro ser lo más silenciosa posible;
En estos momentos, mientras mi casa se hunde en sueños que jamás llegará a realizar.
Y cuando te tengo frente a mí, y pareciera que mis sueños se realizan.
No sé muy bien por qué decido retomar mi temporal oficio de dar vida a estas páginas. Pero ahora no importan los por qué ni los cómo ni cuándos: hace rato que esas cosas dejaron ya de importar.
A pesar de que son incógnitas que de mis labios intento no expulsar, en mi mente retumban y tienen lugar respuestas imaginarias a éstas. Palabras tuyas; inexistentes, pero tuyas. Me dan ilusión, me dan energía e incluso un poco de vida.
Siento un poco de verguenza de lo que hay en estos momentos dentro de mí. Hasta el viento reiría si supiera de lo que es capaz mi aguda mente para captar emociones con una facilidad envidiable.
No quiero decir nada, no sé si quiero sentir algo. Pero eso no puedo cambiarlo, por ridículo que sea, la proximidad ínfima de nuestras almas me punza el corazón y me nubla la mente. Durante estos fugaces segundos mi lógica desaparece, mi mente es fría y mi mayor objetivo es no demostrar nada. Hasta el más mínimo contacto de nuestras dermis me enloquece, me envuelve y me hace recordar esta locura que se apiada a ratos de mi mente para no dejarla inútil. Si supieras todo lo que se me pasa por la mente cuando sonríes... seguramente pensarías que una extraña ha cogido una extraña obsesión por ti. Y a pesar de que odio admitirlo, y escribirlo aún más, es casi verdad.
Los sentimientos que tengo dentro, aunque un poco turbados y extraños, son puros.
Quisiera tener un poco más de poder en esto; poder demostrar todo lo que siento, materializarlo.
Decirte la verdad cada vez que te veo, es lo que en el fondo anhelo. Pero eso desecharía definitivamente, (si es que las hay) cualquier tipo de posibilidad de tomar tu mano.
Tocarte la cara lentamente, bajo los coloridos vitrales de la lúgubre catedral. Apoyarme sutilmente mientras la comida es una excusa para mantenerte a mi lado. Abrazarte sin miedo cuando sea la hora de decir adiós.
No quiero que pienses nada de mí, no quiero que digas nada de mí. Sólo quiero que escuches mis penas, que hables tus problemas, rías en los momentos precisos y digas algo de lo que no tenga idea y finja tener en ello algún interés. Que me mires, fijamente a los ojos, que me abraces; no porque yo lo haga si no porque tú lo necesites, que me digas cosas lindas sin sentido y me compres una flor.
Quiero darte un paseo por esta ciudad, enseñarte lo maravillosa que puede ser si la miras con la persona indicada, lo amable que puede ser su gente, sus lugares, sus parques y sus más recónditos parajes.
Besarte, si así lo deseas, cuando el sol nos entregue su gama de anaranjados tonos; y las nubes, después de un día de lluvia, nos permitan ver todo más claro de lo que realmente es.
Tímidamente acercar mi mano a la tuya, cuando al fin y para mi felicidad, tu mano esté libre para tomar la mía.
Omitir esto es tan difícil; pero más difícil sería saber que pienses en mí como una maniática.
Y quizás realmente es así, porque la información que de ti tengo es bastante vaga y poco certera.
Pero cada vez que te observo silenciosamente, que te miro sin mayor preámbulo, que te escucho y te leo, que minuciosamente atisbo sin dejar evidencia alguna, voy adquiriendo estos raros pensamientos y sentimientos que he cultivado.
Y es así, solo así, como me doy cuenta de todo esto que tengo que callar.
( sé que mi mente crea rápidamente redes de pensamientos que quizás no pueda deshacer ).
En estos momentos, mientras mi casa se hunde en sueños que jamás llegará a realizar.
Y cuando te tengo frente a mí, y pareciera que mis sueños se realizan.
No sé muy bien por qué decido retomar mi temporal oficio de dar vida a estas páginas. Pero ahora no importan los por qué ni los cómo ni cuándos: hace rato que esas cosas dejaron ya de importar.
A pesar de que son incógnitas que de mis labios intento no expulsar, en mi mente retumban y tienen lugar respuestas imaginarias a éstas. Palabras tuyas; inexistentes, pero tuyas. Me dan ilusión, me dan energía e incluso un poco de vida.
Siento un poco de verguenza de lo que hay en estos momentos dentro de mí. Hasta el viento reiría si supiera de lo que es capaz mi aguda mente para captar emociones con una facilidad envidiable.
No quiero decir nada, no sé si quiero sentir algo. Pero eso no puedo cambiarlo, por ridículo que sea, la proximidad ínfima de nuestras almas me punza el corazón y me nubla la mente. Durante estos fugaces segundos mi lógica desaparece, mi mente es fría y mi mayor objetivo es no demostrar nada. Hasta el más mínimo contacto de nuestras dermis me enloquece, me envuelve y me hace recordar esta locura que se apiada a ratos de mi mente para no dejarla inútil. Si supieras todo lo que se me pasa por la mente cuando sonríes... seguramente pensarías que una extraña ha cogido una extraña obsesión por ti. Y a pesar de que odio admitirlo, y escribirlo aún más, es casi verdad.
Los sentimientos que tengo dentro, aunque un poco turbados y extraños, son puros.
Quisiera tener un poco más de poder en esto; poder demostrar todo lo que siento, materializarlo.
Decirte la verdad cada vez que te veo, es lo que en el fondo anhelo. Pero eso desecharía definitivamente, (si es que las hay) cualquier tipo de posibilidad de tomar tu mano.
Tocarte la cara lentamente, bajo los coloridos vitrales de la lúgubre catedral. Apoyarme sutilmente mientras la comida es una excusa para mantenerte a mi lado. Abrazarte sin miedo cuando sea la hora de decir adiós.
No quiero que pienses nada de mí, no quiero que digas nada de mí. Sólo quiero que escuches mis penas, que hables tus problemas, rías en los momentos precisos y digas algo de lo que no tenga idea y finja tener en ello algún interés. Que me mires, fijamente a los ojos, que me abraces; no porque yo lo haga si no porque tú lo necesites, que me digas cosas lindas sin sentido y me compres una flor.
Quiero darte un paseo por esta ciudad, enseñarte lo maravillosa que puede ser si la miras con la persona indicada, lo amable que puede ser su gente, sus lugares, sus parques y sus más recónditos parajes.
Besarte, si así lo deseas, cuando el sol nos entregue su gama de anaranjados tonos; y las nubes, después de un día de lluvia, nos permitan ver todo más claro de lo que realmente es.
Tímidamente acercar mi mano a la tuya, cuando al fin y para mi felicidad, tu mano esté libre para tomar la mía.
Omitir esto es tan difícil; pero más difícil sería saber que pienses en mí como una maniática.
Y quizás realmente es así, porque la información que de ti tengo es bastante vaga y poco certera.
Pero cada vez que te observo silenciosamente, que te miro sin mayor preámbulo, que te escucho y te leo, que minuciosamente atisbo sin dejar evidencia alguna, voy adquiriendo estos raros pensamientos y sentimientos que he cultivado.
Y es así, solo así, como me doy cuenta de todo esto que tengo que callar.
( sé que mi mente crea rápidamente redes de pensamientos que quizás no pueda deshacer ).
martes, mayo 1
No sé que siento.
No sé si quiero sentir.
Siento frío. Estoy fría, mis pies se congelan y con ellos mi mente y mi corazón. Le cuesta latir, le cuesta recordar que existe por algo más que el pasado. Ha quedado ciego, libre de cualquier tipo de prejuicios, pero no entiende que si no ve, jamás podrá saber lo que le espera adelante. Es un órgano autónomo en mi cuerpo, no recibe orden alguna de mi torpe cerebro, y tampoco pretende hacerlo. No sé si sea la evolución de los cuerpos sin sentimientos, pero me estoy convirtiendo en lo comprobable, en lo tangible, en lo explicable.
Estoy dejando de lado los sueños, la mente, los pensamientos, las mariposas en el estómago y esas cosas que no existen.
Porque no las siento, no las percibo, y si las percibo, las ignoro.
Quiero ser nadie, quiero ser quizás tú, y saber qué piensas, saber quién eres, poderte descubrir, poder descifrarte y susurrarte al oído lo que quieres oír.
Quiero ser nadie, pero quiero ser quien más quieras.
No sé si quiero sentir.
Siento frío. Estoy fría, mis pies se congelan y con ellos mi mente y mi corazón. Le cuesta latir, le cuesta recordar que existe por algo más que el pasado. Ha quedado ciego, libre de cualquier tipo de prejuicios, pero no entiende que si no ve, jamás podrá saber lo que le espera adelante. Es un órgano autónomo en mi cuerpo, no recibe orden alguna de mi torpe cerebro, y tampoco pretende hacerlo. No sé si sea la evolución de los cuerpos sin sentimientos, pero me estoy convirtiendo en lo comprobable, en lo tangible, en lo explicable.
Estoy dejando de lado los sueños, la mente, los pensamientos, las mariposas en el estómago y esas cosas que no existen.
Porque no las siento, no las percibo, y si las percibo, las ignoro.
Quiero ser nadie, quiero ser quizás tú, y saber qué piensas, saber quién eres, poderte descubrir, poder descifrarte y susurrarte al oído lo que quieres oír.
Quiero ser nadie, pero quiero ser quien más quieras.
viernes, abril 27
compañía
Las caras angustiadas que se reflejan en el vidrio del metro, me hacen pensar en quién es realmente feliz.
La señora que hace gracia a su hija con el objetivo de que pare de llorar?
El joven que mueve casi todo su cuerpo con la música fluyendo en él?
El caballero que muy pacífico crea las mejores estrategias para ganar su videojuego?
Las estudiantes que en grupo ríen?
La mujer que se observa al espejo, haciendo desaparecer su belleza?
O quién los observa todos preguntándose quién es realmente feliz?
Una cosa sé.
Quizás voy sonriendo, pero en mi interior envidio el no pensar en eso de las personas que me acompañan en mi tedioso viaje.
La señora que hace gracia a su hija con el objetivo de que pare de llorar?
El joven que mueve casi todo su cuerpo con la música fluyendo en él?
El caballero que muy pacífico crea las mejores estrategias para ganar su videojuego?
Las estudiantes que en grupo ríen?
La mujer que se observa al espejo, haciendo desaparecer su belleza?
O quién los observa todos preguntándose quién es realmente feliz?
Una cosa sé.
Quizás voy sonriendo, pero en mi interior envidio el no pensar en eso de las personas que me acompañan en mi tedioso viaje.
No soy nada, ni nadie.
Tú tampoco.
Pero tenemos algo en común, ambas estamos enfermas.
Qué pretendes lograr viendo el sol entre las hojas de los árboles?. Muchas veces me lo he preguntado.
Nos aprovechamos, te aprovechas, y no sé por qué lo haces. Solía interesarme, porque me hacía sentir viva, sentir emociones, sentir que la sangre corre por mis venas y arde dentro de ellas, pero no se si siento cosa alguna ahora.
Quiero sentir, pero sentir que soy frágil; soy liviana y dócil, soy un objeto inanimado volando en el aire, una bolsa que se eleva con el viento, el agua que fluye por las montañas, el dolor que siento en mi espalda, evaporándose para creer que no existe.
Quiero sentir lo contrario a lo que he sentido, quiero vivir de nuevo, sentir, llorar, reír, sentir que soy de verdad.
Nos gusta y encanta decir que somos fuertes, independientes, que no nos importa la imagen ni lo que digan de nosotros, pero a la hora de asumir dichas características, la mayoría no se comporta como dice ser.
Porque va más allá de ser alguien, va en ser un ser humano. Por naturaleza somos débiles, y no está mal, por el contrario, ¿qué más humano que el llorar?, pero nos avergonzamos de nuestras propias emociones, no las compartimos y damos a conocer una imagen que no es verdadera.
Siento que ahora necesito ser fuerte, necesito no necesitar a nadie, necesito ser células, órganos, tejidos, un organismo. Nada más que eso.
Lo único que quiero en estos instantes es que responda el mensaje que probablemente ni ha leído, pero no tengo prisa, lo he estado esperando toda la vida.
Estoy calmada, tu también.
Vuelve a agitar tu lengua, la siento, la huelo, le repudio y desaparece.
Ya no es algo de todos los días.
-y el destino es así.
me respondiste.
Tú tampoco.
Pero tenemos algo en común, ambas estamos enfermas.
Qué pretendes lograr viendo el sol entre las hojas de los árboles?. Muchas veces me lo he preguntado.
Nos aprovechamos, te aprovechas, y no sé por qué lo haces. Solía interesarme, porque me hacía sentir viva, sentir emociones, sentir que la sangre corre por mis venas y arde dentro de ellas, pero no se si siento cosa alguna ahora.
Quiero sentir, pero sentir que soy frágil; soy liviana y dócil, soy un objeto inanimado volando en el aire, una bolsa que se eleva con el viento, el agua que fluye por las montañas, el dolor que siento en mi espalda, evaporándose para creer que no existe.
Quiero sentir lo contrario a lo que he sentido, quiero vivir de nuevo, sentir, llorar, reír, sentir que soy de verdad.
Nos gusta y encanta decir que somos fuertes, independientes, que no nos importa la imagen ni lo que digan de nosotros, pero a la hora de asumir dichas características, la mayoría no se comporta como dice ser.
Porque va más allá de ser alguien, va en ser un ser humano. Por naturaleza somos débiles, y no está mal, por el contrario, ¿qué más humano que el llorar?, pero nos avergonzamos de nuestras propias emociones, no las compartimos y damos a conocer una imagen que no es verdadera.
Siento que ahora necesito ser fuerte, necesito no necesitar a nadie, necesito ser células, órganos, tejidos, un organismo. Nada más que eso.
Lo único que quiero en estos instantes es que responda el mensaje que probablemente ni ha leído, pero no tengo prisa, lo he estado esperando toda la vida.
Estoy calmada, tu también.
Vuelve a agitar tu lengua, la siento, la huelo, le repudio y desaparece.
Ya no es algo de todos los días.
-y el destino es así.
me respondiste.
lunes, abril 9
incipiente.
Creo saber que decir.
Creo saber quien soy.
Pero la verdad, no basta con creer. Sólo marca la diferencia.
No era necesaria tanta palabra rebuscada en tu lengua.
No eran necesarias esas excusas baratas que buscaste en algún lugar de tu memoria.
Es más fácil hablar con el corazón, con la verdad.
Decir que la weá ya no te importa, ya no fue.
Que estás en otra. Y no es tu culpa. Ni la mía.
Sabes por qué? porque acá no hay culpa de nada.
A veces creo que los seres humanos no usamos siquiera la mínima parte de nuestra mente...
llena de experiencias, aprendizajes y moralejas.
A ti no te sirvió
Espero que a mi sí.
Y la verdad ya soy indiferente a tu pensar, o al menos, eso creo pensar.
Creo saber quien soy.
Pero la verdad, no basta con creer. Sólo marca la diferencia.
No era necesaria tanta palabra rebuscada en tu lengua.
No eran necesarias esas excusas baratas que buscaste en algún lugar de tu memoria.
Es más fácil hablar con el corazón, con la verdad.
Decir que la weá ya no te importa, ya no fue.
Que estás en otra. Y no es tu culpa. Ni la mía.
Sabes por qué? porque acá no hay culpa de nada.
A veces creo que los seres humanos no usamos siquiera la mínima parte de nuestra mente...
llena de experiencias, aprendizajes y moralejas.
A ti no te sirvió
Espero que a mi sí.
Y la verdad ya soy indiferente a tu pensar, o al menos, eso creo pensar.
lunes, marzo 12
Espera.
La sensación de que el viento se lleva mi piel con él se va acrecentando al pasar las horas.
Plantada en aquel lugar, en el mismo donde me dejaste, sitúo ahora mi pedazo de vida y en él me desarrollo y crezco, o simulo crecer cada día.
Nada sirve y nada servirá si el viento no trae consigo un susurro de tu vida, un aliento al amanecer o un sueño ligero entre las nubes que indique que tu nombre está junto al mío.
Podría el tiempo matar las esperanzas. Podría la espera matar el significado de lo que realmente trasciende de este trozo de tiempo en la vida. Podrían los miedos desaparecer en cuanto abra los ojos y me dé cuenta de que no vendrás. Porque después de la desilusión viene el vacío, el espacio que dejaste y que nada llenará. Ya no hay sentimientos, ya no hay emoción. No hay un sueño en trance ni una vida en la cuerda floja. Hay un surco en la tierra, bajo mis pies. Y al no estar tú, al no haber nada, no existiría el miedo a caer, el miedo a tropezarse, o a morir al hacerlo.
"Las esperanzas son lo último que se pierde" porque es lo último que queda. Cuando ya no haya nada más, están ahí, fingiendo una posibilidad, una probabilidad, tal vez, de que lo anhelado se convierta en realidad. Y mientras esto exista es imposible terminar la espera.
La espera trae consigo, finalmente, una solución, o al menos una respuesta. A lo que siento a lo que sientes, y a la muerte que nos rodea. A los rumores que me dijo el viento y a las mentiras que divisaste en las nubes. Quizás el problema estaba en el código, en la comunicación. En que realmente nadie esperaba nada y lo que había siempre fue un vacío, una pregunta sin respuesta, un salto al surco, un viento sin mensaje, una piel sin color, una espera sin respuesta y un amor que no existió. Porque tal vez y sólo tal vez, a través del tiempo que eternamente esperé, pudo existir más de una emoción sin estar el fin presente, sin estar tú en ellas, y ambos mirábamos en el cielo, la misma luna, las mismas nubes y la mismas estrellas. Pero al no verlas juntos, nunca significaron lo mismo.
Plantada en aquel lugar, en el mismo donde me dejaste, sitúo ahora mi pedazo de vida y en él me desarrollo y crezco, o simulo crecer cada día.
Nada sirve y nada servirá si el viento no trae consigo un susurro de tu vida, un aliento al amanecer o un sueño ligero entre las nubes que indique que tu nombre está junto al mío.
Podría el tiempo matar las esperanzas. Podría la espera matar el significado de lo que realmente trasciende de este trozo de tiempo en la vida. Podrían los miedos desaparecer en cuanto abra los ojos y me dé cuenta de que no vendrás. Porque después de la desilusión viene el vacío, el espacio que dejaste y que nada llenará. Ya no hay sentimientos, ya no hay emoción. No hay un sueño en trance ni una vida en la cuerda floja. Hay un surco en la tierra, bajo mis pies. Y al no estar tú, al no haber nada, no existiría el miedo a caer, el miedo a tropezarse, o a morir al hacerlo.
"Las esperanzas son lo último que se pierde" porque es lo último que queda. Cuando ya no haya nada más, están ahí, fingiendo una posibilidad, una probabilidad, tal vez, de que lo anhelado se convierta en realidad. Y mientras esto exista es imposible terminar la espera.
La espera trae consigo, finalmente, una solución, o al menos una respuesta. A lo que siento a lo que sientes, y a la muerte que nos rodea. A los rumores que me dijo el viento y a las mentiras que divisaste en las nubes. Quizás el problema estaba en el código, en la comunicación. En que realmente nadie esperaba nada y lo que había siempre fue un vacío, una pregunta sin respuesta, un salto al surco, un viento sin mensaje, una piel sin color, una espera sin respuesta y un amor que no existió. Porque tal vez y sólo tal vez, a través del tiempo que eternamente esperé, pudo existir más de una emoción sin estar el fin presente, sin estar tú en ellas, y ambos mirábamos en el cielo, la misma luna, las mismas nubes y la mismas estrellas. Pero al no verlas juntos, nunca significaron lo mismo.
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