viernes, abril 27

compañía

Las caras angustiadas que se reflejan en el vidrio del metro, me hacen pensar en quién es realmente feliz.
La señora que hace gracia a su hija con el objetivo de que pare de llorar?
El joven que mueve casi todo su cuerpo con la música fluyendo en él?
El caballero que muy pacífico crea las mejores estrategias para ganar su videojuego?
Las estudiantes que en grupo ríen?
La mujer que se observa al espejo, haciendo desaparecer su belleza?
O quién los observa todos preguntándose quién es realmente feliz?

Una cosa sé.
Quizás voy sonriendo, pero en mi interior envidio el no pensar en eso de las personas que me acompañan en mi tedioso viaje.
No soy nada, ni nadie.
Tú tampoco.
Pero tenemos algo en común, ambas estamos enfermas.
Qué pretendes lograr viendo el sol entre las hojas de los árboles?. Muchas veces me lo he preguntado.
Nos aprovechamos, te aprovechas, y no sé por qué lo haces. Solía interesarme, porque me hacía sentir viva, sentir emociones, sentir que la sangre corre por mis venas y arde dentro de ellas, pero no se si siento cosa alguna ahora.
Quiero sentir, pero sentir que soy frágil; soy liviana y dócil, soy un objeto inanimado volando en el aire, una bolsa que se eleva con el viento, el agua que fluye por las montañas, el dolor que siento en mi espalda, evaporándose para creer que no existe.
Quiero sentir lo contrario a lo que he sentido, quiero vivir de nuevo, sentir, llorar, reír, sentir que soy de verdad.
Nos gusta y encanta decir que somos fuertes, independientes, que no nos importa la imagen ni lo que digan de nosotros, pero a la hora de asumir dichas características, la mayoría no se comporta como dice ser.
Porque va más allá de ser alguien, va en ser un ser humano. Por naturaleza somos débiles, y no está mal, por el contrario, ¿qué más humano que el llorar?, pero nos avergonzamos de nuestras propias emociones, no las compartimos y damos a conocer una imagen que no es verdadera.
Siento que ahora necesito ser fuerte, necesito no necesitar a nadie, necesito ser células, órganos, tejidos, un organismo. Nada más que eso.
Lo único que quiero en estos instantes es que responda el mensaje que probablemente ni ha leído, pero no tengo prisa, lo he estado esperando toda la vida.
Estoy calmada, tu también.
Vuelve a agitar tu lengua, la siento, la huelo, le repudio y desaparece.
Ya no es algo de todos los días.


-y el destino es así.
me respondiste.

lunes, abril 9

incipiente.

Creo saber que decir.
Creo saber quien soy.
Pero la verdad, no basta con creer. Sólo marca la diferencia.
No era necesaria tanta palabra rebuscada en tu lengua.
No eran necesarias esas excusas baratas que buscaste en algún lugar de tu memoria.
Es más fácil hablar con el corazón, con la verdad.
Decir que la weá ya no te importa, ya no fue.
Que estás en otra. Y no es tu culpa. Ni la mía.
Sabes por qué? porque acá no hay culpa de nada.
A veces creo que los seres humanos no usamos siquiera la mínima parte de nuestra mente...
llena de experiencias, aprendizajes y moralejas.
A ti no te sirvió
Espero que a mi sí.

Y la verdad ya soy indiferente a tu pensar, o al menos, eso creo pensar.