viernes, abril 27

No soy nada, ni nadie.
Tú tampoco.
Pero tenemos algo en común, ambas estamos enfermas.
Qué pretendes lograr viendo el sol entre las hojas de los árboles?. Muchas veces me lo he preguntado.
Nos aprovechamos, te aprovechas, y no sé por qué lo haces. Solía interesarme, porque me hacía sentir viva, sentir emociones, sentir que la sangre corre por mis venas y arde dentro de ellas, pero no se si siento cosa alguna ahora.
Quiero sentir, pero sentir que soy frágil; soy liviana y dócil, soy un objeto inanimado volando en el aire, una bolsa que se eleva con el viento, el agua que fluye por las montañas, el dolor que siento en mi espalda, evaporándose para creer que no existe.
Quiero sentir lo contrario a lo que he sentido, quiero vivir de nuevo, sentir, llorar, reír, sentir que soy de verdad.
Nos gusta y encanta decir que somos fuertes, independientes, que no nos importa la imagen ni lo que digan de nosotros, pero a la hora de asumir dichas características, la mayoría no se comporta como dice ser.
Porque va más allá de ser alguien, va en ser un ser humano. Por naturaleza somos débiles, y no está mal, por el contrario, ¿qué más humano que el llorar?, pero nos avergonzamos de nuestras propias emociones, no las compartimos y damos a conocer una imagen que no es verdadera.
Siento que ahora necesito ser fuerte, necesito no necesitar a nadie, necesito ser células, órganos, tejidos, un organismo. Nada más que eso.
Lo único que quiero en estos instantes es que responda el mensaje que probablemente ni ha leído, pero no tengo prisa, lo he estado esperando toda la vida.
Estoy calmada, tu también.
Vuelve a agitar tu lengua, la siento, la huelo, le repudio y desaparece.
Ya no es algo de todos los días.


-y el destino es así.
me respondiste.

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