martes, mayo 1

No sé que siento.
No sé si quiero sentir.
Siento frío. Estoy fría, mis pies se congelan y con ellos mi mente y mi corazón. Le cuesta latir, le cuesta recordar que existe por algo más que el pasado. Ha quedado ciego, libre de cualquier tipo de prejuicios, pero no entiende que si no ve, jamás podrá saber lo que le espera adelante. Es un órgano autónomo en mi cuerpo, no recibe orden alguna de mi torpe cerebro, y tampoco pretende hacerlo. No sé si sea la evolución de los cuerpos sin sentimientos, pero me estoy convirtiendo en lo comprobable, en lo tangible, en lo explicable.
Estoy dejando de lado los sueños, la mente, los pensamientos, las mariposas en el estómago y esas cosas que no existen.
Porque no las siento, no las percibo, y si las percibo, las ignoro.
Quiero ser nadie, quiero ser quizás tú, y saber qué piensas, saber quién eres, poderte descubrir, poder descifrarte y susurrarte al oído lo que quieres oír.
Quiero ser nadie, pero quiero ser quien más quieras.

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