Sólo entonces soy feliz
.
Observo con temor y vergüenza, su perfecto rostro, su hermosa sonrisa, su indiferencia con el mundo.
Siempre es así; cuando nuestras miradas coinciden, ambos las desviamos, creyendo que así, el otro no sabrá todo lo que nuestros ojos quieren ocultar, pero a través de ellos, igualmente se pueden ver nuestras almas intranquilas, nuestras respiraciones aceleradas y nuestra leve alegría.
Gozosos, seguimos nuestro juego a lo largo del recorrido. Nunca más te veré, nunca más me verás. Pero estoy perdida en tu cuerpo, y tú en el mío. No se quién eres, pero te conozco más que a mí misma. No me conoces, pero me recorres tan sólo con tus ojos.
Estoy feliz. Tal vez por eso me es posible abrirme a la posibilidad de mirarte, observarte, recorrerte, conocerte, tocarte, quizás amarte.
Pero el mundo da vueltas, la vida va en círculos, y no fue sólo una vez la que me enamoré de lo desconocido.
No sabía como actuar, no sabía por qué logré reconocerte nuevamente, pero así fue, y me perdí eternamente en la inmensidad de tu mirada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario