Quizás es más que eso. O mejor aún; tal vez no sea nada.
Mirar el paisaje hasta que llega a su fin, ver las luces que se mueven con una rapidez, confundiendo mis ojos, que con torpeza intentan perseguir a cada una de ellas.
Blanco, morado, blanco morado, blanco morado. Parecieran nunca acabar. Parecieran nunca empezar.
Luego del mareo y torpeza de esa inútil actividad, busco algo interesante que observar entre tantas personas. Y para mi sorpresa, lo encuentro. Llevaba una sonrisa en mi cara, y él la respondió. Sus pantalones azules, sus lentes rectangulares, sus zapatillas rojas, y su maleta que contenía un block de un cuarto de mercurio. Quizás contenía arte, expresión, vida, muerte, amor. Tal vez nada. Seguí buscando dentro del caluroso bloque de metal algo interesante que mirar. Pero me dí cuenta de que me mirabas. No sonreíste, yo sí. Te reíste de mi, y entonces, seguí mi camino y tú el tuyo. Sé que ambos seguimos riendo.
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