Ya no sirve. Ya no sirvo.
No fui ni soy quien creía ser, no sé quien creo que soy.
Pero podría haber algo más allá, de cuando me abrazas, más allá de cuando me miras a los ojos fijamente y sonríes de esa manera que me hace reír.
Algo más allá que ya no existe, que se desvaneció, como las lágrimas que nunca lloré por ti, o el malestar que tal vez debí sentir y no sentí.
No es sacarse un peso de encima, pero es tener la libertad de hacer lo que quiero hacer; pensar. Reflexionar. Analizar las situaciones que he vivido, las experiencias memorables, y mirar con una sonrisa todo esto. Mas, me siento culpable al no tener un dolor o un sufrimiento como el que sé que tú tienes. Por mi culpa, para variar. Quiero sentirme mal, más allá de la acción, más allá de lo que hice. Quiero sentirme mal porque te perdí. Y no lo hago.
Las palabras que reíamos, ¿las seguiremos riendo? Suena imposible.
Creyó que lo había perdido, realmente. Tuvo miedo, el caminar y sentir el viento en su cara secar las abundantes lágrimas que le rodeaban las mejillas le hacía sentir peor, le hacía sentir desvalorada, sin fuerzas, sin ánimos, sin él. Las nubes hacían ver un cielo gris, el sol se escondía, igual que cualquier esperanza de que aún quisiera estar con ella. Corría, buscándole entre la multitud. No lo encontraba y eso la desesperanzaba aún más. Pero había una última posibilidad y la más posiblemente acertada. Entre su acelerada respiración y sus pasos cortos y continuos, hizo una pausa para mirar su alrededor, y cortar un diente de león.
El viento le había volado ya varias semillas. Pero el deseo se cumple cuando terminas de soplarlas todas.
Caminó.
Lo vió, y se acercó sin saber bien la reacción que tomaría. Se abrazaron, le entregó la flor, y fuimos felices hasta ahora.
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